En toda familia hay algo que, en algún momento, se decidió no volver a mencionar.
Puede ser grande o pequeño, reciente o de hace varias generaciones. Y aunque nadie lo nombre en voz alta, eso que se calla no desaparece: sigue presente, de otra forma.
¿Por qué guardamos secretos en la familia?
Casi siempre por amor, o por lo que en el momento pareció la mejor manera de proteger a alguien.
Por miedo al juicio, por vergüenza, por un dolor demasiado grande para ponerle palabras.
Se calla pensando que así se evita el daño. Sin embargo, desde la mirada sistémica, lo que se excluye de la conversación familiar no se excluye del sistema.
Cuando un secreto se guarda, el sistema familiar encuentra otra forma de expresarlo. No a través de palabras, sino de síntomas, comportamientos repetidos, o miembros que, sin saber por qué, terminan viviendo algo parecido a lo que se mantuvo oculto.
• Un hijo que nunca conoció a su padre biológico, y de quien ya nadie habla en la familia.
• Una pérdida, un aborto, una muerte temprana que la familia decidió “no volver a mencionar”.
• Una adicción o una enfermedad mental de algún abuelo, callada durante años por vergüenza.
• Una infidelidad o una separación que se mantuvo oculta “para proteger a los hijos”.
Lo que puede generar en quienes vienen después:
Una ansiedad sin causa clara. La sensación de que algo falta, aunque no se sepa qué.
Una lealtad inconsciente hacia quien fue excluido o silenciado.
Y, muchas veces, la repetición de un patrón parecido sin que la nueva generación sepa que ya existía antes porque el sistema busca, de alguna manera, que eso que falta vuelva a tener un lugar.
Dar un lugar, no necesariamente hacerlo público, Hellinger nos enseña que lo que se excluye del sistema familiar busca ser incluido, de una u otra forma, a través de quienes vienen después.
Nombrar un secreto no significa contarlo a todos ni exponerlo sin cuidado. Significa, primero, poder mirarlo con respeto dentro de uno mismo: reconocer que existió, que fue real, y que merece un lugar en la historia de la familia.
Cuando eso que se calló encuentra, por fin, un lugar aunque sea solo en la mirada de quien lo reconoce, deja de necesitar repetirse para ser visto.
“Lo que se nombra, se puede sanar; lo que se calla, se sigue repitiendo”
Siempre con amor, respeto y gratitud
Cuando miramos con amor, la paz encuentra su lugar.💫
Sofia Mendoza |Terapeuta Sistémica Familiar
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